El Espantagaviotas
Me encanta revivir con mi hijo, lo que a mi me hacía disfrutar cuando tenía su edad. Caminar por la playa fuera de temporada tiene encanto. Sobre todo para los que hemos crecido junto a ese olor de algas, arena y salitre que es imposible olvidar.
En los meses fríos, las gaviotas recuperan su territorio. Libre de la plaga veraniega de bañistas, toallas y sombrillas. Yo las comprendo, en el fondo esta es su casa. Pero también la nuestra.
El peque y yo paseamos por la playa. Arrojando palos al mar y dando patadas a los restos de la tormenta. Entonces nos vamos acercando poco a poco. Caminando quedo. Como si nada. Haciendo que miramos para otro sitio, pero viendo muy atentos de reojo. Ellas tampoco nos pierden de vista.
Y entonces, en una centella de segundo, emprendemos la carrera. Agitando los brazos en alto. Y las aves marinas echan a volar. Oyen nuestras carcajadas al viento y huyen despavoridas. Porque han visto aparecer de nuevo al temible. El gigante. El impredecible. Al pequeño Nicolás, convertido ahora ya en el Espantagaviotas.
- Camera Make: Canon
- Model: Canon PowerShot D10
- Image Date: 2011:11:13 15:28:10
- Exposure Time: 1/500 · 0.002s
- Focal Length: 6.2mm
- Aperture: f/2.8
- ISO: 80
- Dimensions: 1024*768
- File size: 0.31MB

(5 votos, promedio: 4,40 sobre 5)





Ya sabía yo que Nicolás no se podría resistir a correr y espantar a las gaviotas, vamos cómo haría cualquier niño y cómo nosotros también hicimos.
A mí me encanta pasear cerca de la playa en invierno, la vives de otra manera que en el verano. El mar está precioso.
Yo también soy un Espantagaviotas. A mi todavía me gusta hacerlo ahora, pero prefiero verlo a él.