Como todas las madres, la mía tiene un santuario de fotos en el salón.
Es como una cápsula del tiempo, una ventana al pasado que mantiene vivas las imágenes de nuestra infancia y juventud. Los momentos que ya no se borrarán de nuestra memoria congelados en deliciosas instantáneas que siempre nos reciben al visitar su casa.
De vez en cuando cojo alguna de esas fotos. La miro durante varios minutos e intento recordar cual era la sensación que tenía en aquel instante. No sé si es recuerdo o imaginación, pero la sensación se repite: fui un peque travieso y feliz.
El histórico retrato es de mi, nada más y nada menos que jmarior de niño durante la primavera de 1974. Con la misma edad que tiene ahora el pequeño Nicolás. Aun ahora sigo siendo un chaval feliz. Y de travieso, lo que me dejan.

Que monada, Mario, jajaja
Me ha encantado verte de pequeño,ya tenias cara de pillo,ahora se a quien sale Nicolas,sera igual de travieso que su padre.
Comparto totalmente lo que has escrito en tu comentario,me parece muy bonito y muy tierno,siempre merece la pena ver tu fotolog.
De pillo me queda poco, de guapo nada… ahora es el turno de Nicolás.
Pronto pondré el blog de vacaciones, tengo muchas ganas de pararme a pensar en cómo renovarlo y darle un nuevo aire.
Lo que más, el gorro marinerito….jejejjejejejej….. GUAPOOOOOOO!!!!
Todo lo guapo que fui de pequeño se esfumó de mayor.
PD: Ya me gustaría ver alguna foto tuya con la misma edad. Seguro que vestías pololos.